Casi todas las noches ANNIE ERNAUX

 

Casi todas las noches

ANNIE ERNAUX

 

COLECCIÓN VEINTIOCHO LUNAS
SERIE VIGÉSIMA SEXTA LUNA
ELS ULLS ENGANXATS

 

POR LOS VALIENTES DUERMEN SOLOS

 

 🫰Nuestros oídos captan las ondas sonoras del (A2), Julani, de Yesterday’s New Quintet. Angles Without Edges (Vinilo, 2LP, Álbum, A4, B4, C3 y D6) es el primer álbum 2LP de YNQ, a.k.a. Madlib, a.k.a. Ahmad Miller, Monk Hughes, Joe McDuffrey, Malik Flavors, Otis Jackson Jr. Grabado en The Dump (living room in Playa) & The Bomb Shelter: Fender Rhodes, Vibes (vibráfono), bajo eléctrico, Kalimba, Arp Odyessey, Arp String Ensamble, sintetizador de 8 pistas, SP12 y MPC 2000, batería, percusión, guitarra eléctrica, clavinete eléctrico E7 y piano eléctrico Wurlitzer. Publicado en Los Ángeles por Stones Throw en 2001., de Bacao Rhythm & Steel Band. Expansions  es el primer álbum del misterioso grupo de Steel Band proveniente de Hamburgo, Alemania. Paul Elliott en la percusión. Este primer planchado se publicó en Brooklyn el día 16 en el mes de julio del año 2021, por Big Crown Records

 

 

«Durante los diez meses en los que he escrito, soñaba con ella casi todas las noches.»
ANNIE ERNAUX, Une femme, 1987. pp. 106

 

 

                              ES UNA NOCHE DONDE NO HE CENADO DENDRO. Me he quedado dormido sobre fondo negro, observando un extraño objeto verde de forma redondeada, con los bordes en tono más oscuro, manchado y provisto de un pie, irradia una luz amarilla. Se diría una seta venenosa equipada, a causa de una especie de excrecencia pequeña y espesa en la prolongación del sombrero, de un sexo cortado. O bien un marciano cuya cabeza estaría adornada por un órgano indefinible, sirviéndole quizá de antena, encaramado a un artefacto que ilumina la noche. Se trata en realidad de una lámpara de mesita de noche de lo más ordinaria, cuya bombilla ha sido tapada por un vaso para enjuagarse los dientes, a su vez recubierto por un guante de felpa que cae hacia un lado. He soñado con el vestido de Annie Ernaux. He viajado a Karlsruhe, a Montpellier, a Mauritania… hasta llegar la Rue du Midi de Bruselas. En ese barrio popular que une la Bolsa a la Place Rouppe, y donde, en los 80, abundaban las librerías de comics, sólo dos o tres de ellas seguían aún dedicándose. Estuvo lloviendo casi sin parar con un viento glacial cortados por edificios insalubres que estaban pegados a la terminal de los autobuses que van hacia Uccle. Volví al café Poevhenelekelder, cerca del Manneken Pis. En una tienda de viejos discos, reconocí la funda de un single de Édith Piaf que había comprado a los dieciséis años a causa de la canción Les amants d’un jour (Los amantes de un día), una funda azul. No tengo ningún recuerdo después. Hago el resto de camino a pie. Las calles, hasta llegar a la crepería a la que solía ir Ernaux en otro tiempo, pero lo mismo también en este caso: desaparecida, sustituida por un bar moderno. La foto precedente, que encarga para mí la soledad, se ve contradicha por esta, tomada en el mismo dormitorio, en el mismo instante. El papel pintado es atroz. La habitación da a los tejados de zinc. Todo está transfigurado y descarnado. Me resulta imposible sustituir espontáneamente la pared  amarilla por la moqueta verde del dormitorio, que la luz de la luna ha blanqueado en su trayecto y dividido así en dos zonas de color diferente, donde está esparcida la ropa interior. A lo largo de un pedazo de pared amarilla parece caer: un bicho negro de cabeza enorme y cuerpo atrofiado terminado por un apéndice en forma de corazón, un objeto plisado en forma de V. Todo parece plano, sin peso, inmaterial, cosas captadas en plena caída, una caída larga y lenta. Podría poner nombre al sueño: la rosa del desierto. En razón de su color, de su aspecto replegado. Ahí donde predomina la búsqueda de la estética, el sentido se pierde. Las imágenes nacieron de un detalle contrario ha utilizar el flash «hinchando» la sensibilidad de la máquina con respecto a la de la película. Sobre el fondo verde pálido de la moqueta, un sujetador violeta, rosa y negro, unas medias negras. Nada más que unos accesorios cada vez más comercializados y banalizados del teatro erótico íntimo. No es el simple contraste de una prenda en relación con otra, el reflejo de la luz natural en el cuerpo de un zapato, sino el conjunto de una escena que busca captar los diferentes estratos de una dramaturgia, la obra que acaban de interpretar A. y M. para nosotros solos. Las fotos mientes, siempre. Durante meses, el cuerpo de Ernaux ha sido investigado y fotografiado un montón de veces por todos los costados y mediante todas las técnicas existentes: mamografía, biopsia de mama, ecografía de mama, del hígado de la vesícula, de la vejiga, del útero, del corazón, radiografía de los pulmones, gammagrafía ósea y miocárdica, resonancia de mama, de los huesos, escáner de los pechos, del abdomen y de los pulmones, tomografía por positrones o PET-escáner. Y seguramente me dejo cosas. A Ernaux le quitaron el catéter. Lo llevó dentro de ella durante un año y medio, convertido a la larga en una especie de joya incrustada bajo la piel cerca del hombro. Dijo al médico que se lo diera, que quería guardarlo. También ha conservado la peluca. Ya no soporta las novelas con personajes ficticios enfermos de cáncer. Ni las películas. ¿En qué instante dejó de pensar y decir «tengo un cáncer» para pasar a «he tenido un cáncer»? Ernaux ha explorado y reunido en un texto una doble fascinación que siempre ha sentido: con respecto a la fotografía y a las huellas materiales de la presencia. Fascinación que es más que nunca para ella la del tiempo. Durante varios meses, Annie rehusó toda invitación. La quimio, la radioterapia hacían imposible el menor desplazamiento al extranjero. Uno de aquellos días de vuelta, su pareja sacó las fotos. No la de los viajes, sino estas. Puestas las unas junto las otras, estas fotos tienen para Marc Marie el valor de un diario íntimo. El diario del año 2003. El amor y la muerte. Tomar la decisión de exponerlas, de hacer un libro, significa ponerle precintos a una parte de su historia. No sabe lo que son estas fotos. Sabe lo que encarnan, pero ignora su uso. Sabe lo que no son. Imágenes en su marco. Atreverse a exhibir sin vergüenza las sábanas abiertas, arrugadas, con las manchas y las huellas de los cuerpos. En esas camas abiertas aprendí a leer las manchas. Los valientes duermen solos.

Annie Ernaux / Marc Marie, L’usage de la photo femme, 2005. París, Éditions Gallimard [Hay trad. cast. de Magdalena Palmer: EMestiza. pp. 253. Editorial Cabaret Voltaire, Madrid, 2011. Colección nº 83. Dirección y Diseño de la Colección: Miguel Lázaro García y José Miguel Pomares. Fotos; Cubierta: ampliación de la foto nº 10 junio 2003, 1971, de Gerhard Richter. Guarda: Annie Ernaux. Foto de Catherine Hélie. Esta primera edición se terminó de imprimir en la imprenta Cofás Artes Gráficas de Sabadell en mayo de 2008.]

 

www.losvalientesduermensolos.com

 

 

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