CUADERNO NEGRO, caminando por las calles de Milán me doy de narices con L’albero de Iela Mari. Nacida en 1932 comienza su aventura editorial en torno a 1958, con libros pensados para sus propios hijos. Su formación es autodidacta, aunque estudia diseño en la Academia de Brera (Milán). La preparación de cada libro siempre va precedida de un intenso y riguroso trabajo de documentación, fundamentalmente en bibliotecas. Dice la propia Iela que sus obras no están pensadas como libros educativos de historia natural, sino más bien como imágenes del nacimiento de la vida. En los cursos que imparte en la Escuela de Diseño de Milán, una de sus principales lecciones consiste en mostrar que para llegar a una síntesis hay que partir de un análisis, no a la inversa. Por eso para Iela Mari es tan importante el detallismo con el que traza elementos tan sencillos como las hojas del árbol: Primero hay que dibujar todos los detalles, y después añadir y añadir…

 

BSKSH BOSKE SIN HOJAS, no es ni campo ni es ciudad.
La idea de un tejido. Boske. Buskar. Poema. Programa.
Fuga. Desert. Volvemos a tejer con los vinilos.
Ese lugar donde no llegan los rayos de sol.
Allá donde se alcanzan las notas.

 

 

, «LA NATURAL S,
 és la esa natural.»

 

CUADERNO ROJO, hay obra orig. L’albero (Emme Edizioni, Milán, 1973), de Iela Mari. Hay Trad. Cast. Las estaciones. Kalandraka, Andalucía, marzo de 2007. L’école des loisirs, 2004, de la traducción, José Javier García Sanz 2007. Colección: Libros para soñar. 40 pp. Cartoné. 22 x 22 cm.

, he jugado con esa necesidad de establecer una imagen en la que Iela Mari consiguie crear un concepto de libro diferente, instructivo y la vez ameno, sin necesidad de ningún texto explicativo, ni literario ni informativo. La clave de todos sus libros se basan en la idea del “círculo sin fin”. Así, este libro comienza en invierno, cuando el lirón hiberna en su madriguera junto a un árbol. Desde las primeras páginas, carentes prácticamente de color, se va mostrando el ciclo de la naturaleza: la primavera con el fin del letargo de los animales, el verano con la recolección de los frutos, el otoño con la emigración de las aves a tierras más cálidas, y por fin el invierno… Página a página, el libro va ganando en intensidad cromática, hasta que se cierra el círculo estacionario. Durante todo el periodo en el que transcurre la acción, Iela Mari no varía el escenario, con el árbol como punto de referencia. En todo momento, lo que ocurre se centra en el mismo espacio, plano y frontal, carente de perspectiva. La presente nota se ha hecho a través del kollage, de personajes separados de sus plantillas narradoras, espacios que probablemente no existen, pero que de algún modo deberían haber existido. Varias veces se oyen tijeretazos de voces entrecortadas. De todas formas, acabarán recortándose con unas tijeras, en una delicada blandura, un pie de nota herida. No se me escapa que presentar estos fragmentos de manera seguida desvirtúa en cierta medida su sentido original.

 


 

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